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Thaddäus Wolfgang von Dürnitz (1756-1807): Sonatas para fagot clásico y pianoforte. Sergio Azzolini, fagot

Ref. 5688

Sonatas para fagot clásico y pianoforte, Nos. 1-6. Fagot Sergio Azzolini. 1 CD - DDD - 73´31´´
17,94 €
IVA incluido

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Thaddäus Wolfgang von Dürnitz (1756-1807): Sonatas para fagot clásico y pianoforte. Sergio Azzolini, fagot


 

Mozart tuvo protectores y maestros siempre problemáticos. Su padre, el cardenal Colloredo, la pardilla María Antonieta. Bueno, era un genio y, como tal, de difícil encuadre. En la lista cabe un curioso personaje, el barón Von Dürnitz (1756-1807), nacido en el mismo año que Amadeus y muerto cuando ya lucían los albores de Beethoven.
Este amigo mozartiano era bávaro de Munich, o sea católico y a medias latino, mecenas, coleccionista y buen músico por las suyas. No siempre pagaba con fluidez y a tiempo los encargos hechos a su ilustrísimo colega, por ejemplo en los días que vieron el estreno de La finta giardiniera, pero es sabido que sin estos personajes – los magnates exquisitos de otrora, los empresarios de la cultura de hoy – no tendríamos libros ni orquestas, partituras ni museos de arte.
Este compacto se toca con todos los temas esbozados. Von Dürnitz compuso a la sombra de Mozart, lo cual sirve para catalogarlo de epígono pero vaya tamaño de referencia el que tuvo en cuenta. Estas sonatas resultan mozartianas por su estructura, el perfil de sus melodías, la economía de sus desarrollos. Son más bien sonatinas en dos movimientos, ambos de cierta rapidez, uno más explayado y lírico, el otro más punzante y rítmico. Hasta se diría que bailable y como resto galante de la suite barroca. Se los señala normalmente como rondó/s, en singular o plural, y suenan, efectivamente, a rondas o corros de bailarines. Si no, son minués, y todo está dicho.
Von Dürnitz, por lo visto, era buen fagotista y contribuyó – siempre con el paradigma mozartiano al alcance de la pluma – a sacar al instrumento de su penumbra orquestal y bandística. La habilidad para redactar a favor del solista concertado salta al oído y se agradece porque produce un efecto atmosférico de recogimiento y de íntima euforia. La ejecución con ingenios de la época contribuye a llevarnos al Munich del rococó, donde siguen dialogando y discutiendo Amadeus y Thaddäus.

Blas Matamoro

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